Los alumnos de la Escuela se dejan sorprender

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Desde que tomé la decisión de convertirme en misionero, no he tenido más que un deseo: aprender todo lo necesario para convertirme en digno representante del evangelio. Durante los meses de espera, llegué a pensar que el tiempo se había detenido en la órbita que yo ocupaba; pero no. El curso que tanto anhelaba comenzó el día citado, a la hora señalada y en el lugar fijado.

Y es que la mejor herramienta de la que podemos disponer quienes tenemos inquietudes y convicciones cristianas, es este curso de formación misionera, que se ocupa y preocupa de ofrecernos un dilatado espacio de reflexión y aprendizaje con el que podremos partir para vivir nuestra vocación de misión Ad Gentes con plenas garantías de conocimiento adquirido.

Además, hemos tenido el gran honor de compartir la  primera semana con José Juan Romero, jesuita, el cual se nos hará difícil de olvidar, por su grandiosa generosidad a la hora de compartir sus conocimientos con nosotros, y de regalarnos su alegría mientras compartía. Gracias, maestro.

(Juan Ordoñez)

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