A la misión hay que saber llegar descalzo y descargado. La formación misionera no consiste en acumular saberes, sino en capacitarse para olvidarse de lo mucho que sabe y abrirse a las riquezas del pueblo que recibe para que sean reconocidas, valoradas y cuidadas.

La Escuela de Formación Misionera tiene como objetivo ayudar en la formación específica  a la misión ad gentes. El misionero, la misionera debe aprender a mirar a Jesús misionero constructor de Reino. Y esta lección es más difícil de aprender que la de acumular conocimientos.  El cometido de la Escuela es, ante todo,  ayudar a  la persona a situarse en otra onda. Debe salir y llegar para ponerse a caminar con sus nuevos hermanos y meter sus pies en los zapatos de ellos, en su cultura, en sus costumbres, con las claves de ellos, porque el Evangelio es Buena Nueva para todas las culturas, Buena Nueva no sólo de la cultura que se trae sino también de la cultura a la que se llega.

 ¿Cuál es  el reto que se nos presenta? El reto es superar la tentación del misionero/a “preparado/a”, el misionero/a con prisas que cree que puede permitirse saltarse el tiempo de formación y marchar a enseñar “lo que ya domina de sobra”.