Invitación a futuros alumnos y alumnas de la Escuela de Formación Misionera
Querido/a amigo/a:
Si estas líneas llegan hasta ti, quizá sea porque en algún momento has sentido la inquietud, el deseo o la pregunta de si el Dios de Jesús te llama a algo más. A mirar más lejos. A salir de tus fronteras. A anunciar la Buena Noticia allí donde la vida es más frágil y más hermosa. Si es así, quiero compartir contigo algo que he descubierto este año en la Escuela de Formación Misionera.
Lo que vivimos en la EFM no es solo un curso ni un conjunto de asignaturas. Es un camino que transforma. Un espacio donde el Dios de Jesús trabaja por dentro, a su ritmo, casi en silencio. Un lugar donde aprendemos a mirar con más humanidad, a escuchar con hondura, a acompañar sin prisa, a estar con quienes sufren. Y, sobre todo, un lugar donde descubrimos que la misión empieza mucho antes de partir.
Este año he comprendido algo esencial: formarse no es solo prepararse para hacer cosas en la misión. Es, sobre todo, un camino para cuidar lo que somos. Porque si un día nos faltara lo que hacemos, lo que damos o lo que sabemos, seguiría quedando lo más verdadero: nuestra manera de mirar, de escuchar, de estar con los demás. Y es ahí donde el Evangelio se vuelve fecundo, donde empieza a transformar vidas.
Vivimos en un mundo que corre, que mide, que exige. Y en medio de esa velocidad, corremos el riesgo de olvidar lo esencial: la dignidad de cada persona, la belleza del encuentro, la fuerza de una presencia que acompaña. En la EFM intentamos volver a eso. A lo sencillo. A lo humano. A lo que sostiene de verdad.
La misión que soñamos es sinodal —caminar juntos, discernir juntos, dejarnos sorprender por lo que el Dios de Jesús ya está haciendo— y es también ad gentes, abierta al mundo entero, al diálogo, a la riqueza de cada cultura. No para imponer, sino para dejarnos tocar y transformar.
El lema de la Jornada Mundial de las Misiones 2026, “Unidos con Cristo, unidos en la misión”, expresa muy bien lo que aquí vivimos. No caminamos solos. Cristo nos reúne, nos envía y nos sostiene.
Por eso, si sientes que esta llamada resuena en tu interior, aunque sea suavemente, aunque sea como una pregunta, te invito a dar un paso más. A dejarte formar. A dejarte transformar. A descubrir lo que el Dios de Jesús puede hacer contigo y a través de ti.
Formarse para anunciar el Evangelio. Anunciar para transformar vidas. Y hacerlo juntos.
Aquí tienes un lugar. Aquí tienes un camino. Y quizá, también, una llamada.
Con afecto y esperanza,
Paco Fallado, fsc, misionero.
Miembro del Equipo Directivo, Escuela de Formación Misionera.
